El mercado laboral español sigue generando empleo, pero las cifras de salarios reflejan que la precariedad continúa instalada en millones de hogares. Los últimos datos de la estadística de Mercado de Trabajo y Pensiones de la Agencia Tributaria correspondiente a 2024 muestran una realidad marcada por los bajos salarios, las enormes diferencias entre sectores y la desigualdad entre generaciones.
En 2024 hubo en España más de 20,6 millones de asalariados, con un salario medio anual de 24.962 euros. Sin embargo, detrás de esa media se esconde una fuerte concentración de trabajadores en los tramos salariales más bajos. Según los datos oficiales, más de 7,6 millones de personas cobraron menos de un salario mínimo anual o cantidades cercanas a él. En concreto, casi cuatro millones de asalariados percibieron menos de medio SMI y otros 3,6 millones se situaron entre medio y un SMI.
Casi cuatro millones de asalariados percibieron menos de medio SMI y otros 3,6 millones se situaron entre medio y un SMI.
La estadística refleja así que más de un tercio de las personas asalariadas en España sobreviven con ingresos muy bajos, pese a que el empleo y la afiliación continúan creciendo.
Una minoría concentra los salarios más altos
En el extremo opuesto, 71.624 trabajadores cobraron más de diez veces el SMI. Aunque representan una parte mínima del mercado laboral, concentraron más de 21.000 millones de euros en salarios y tuvieron una retribución media cercana a los 300.000 euros anuales. La diferencia entre los salarios más altos y los más bajos evidencia una brecha cada vez más acusada en el reparto de la riqueza generada por el trabajo.
Las diferencias salariales entre sectores también muestran una fuerte desigualdad estructural. Las actividades financieras y aseguradoras encabezan la clasificación, con salarios medios superiores a 50.600 euros anuales. También destacan los sectores tecnológicos y de información y comunicaciones, con retribuciones cercanas a 38.500 euros.
En cambio, los salarios más bajos se concentran en actividades especialmente precarizadas. En agricultura el salario medio apenas supera los 11.400 euros anuales, mientras que en ocio y servicios personales ronda los 14.200 euros.
Estos datos vuelven a señalar que muchos de los sectores esenciales para el sostenimiento cotidiano de la sociedad siguen siendo precisamente los peor remunerados.
En agricultura el salario medio apenas supera los 11.400 euros anuales, mientras que en ocio y servicios personales ronda los 14.200 euros.
La juventud continúa atrapada en la precariedad
La estadística de la Agencia Tributaria confirma además que la precariedad tiene un fuerte componente generacional. Las personas de entre 18 y 25 años apenas alcanzan un salario medio anual de 9.602 euros, una cifra que contrasta con los más de 30.000 euros que perciben de media los trabajadores de entre 46 y 55 años.
Además, la juventud presenta una mayor rotación laboral. Los menores de 25 años registran 1,73 percepciones salariales por persona, frente al 1,19 de los mayores de 56 años, lo que refleja una mayor temporalidad, encadenamiento de contratos y cambios continuos de empleo. Aunque la reforma laboral ha reducido parte de la contratación temporal, los datos muestran que la estabilidad sigue lejos de llegar a amplias capas de trabajadores jóvenes.
Empleo sí, pero con salarios insuficientes
Las cifras dibujan un mercado laboral donde el aumento del empleo no se traduce necesariamente en mejores condiciones de vida. Mientras una minoría concentra salarios muy elevados, millones de trabajadores continúan instalados en ingresos insuficientes, especialmente en sectores feminizados, precarios y de alta rotación.
Para el sindicalismo, estos datos vuelven a poner sobre la mesa debates como la necesidad de seguir elevando el salario mínimo, reforzar la negociación colectiva, limitar la parcialidad involuntaria y redistribuir los beneficios empresariales en un contexto donde muchas grandes compañías siguen registrando beneficios récord.
Mientras una minoría concentra salarios muy elevados, millones de trabajadores continúan instalados en ingresos insuficientes, especialmente en sectores feminizados, precarios y de alta rotación.
Porque tener empleo ya no garantiza salir de la precariedad.
