El nuevo local de CNT en Valladolid abre sus puertas

Antifascistas, antirracistas, anticapitalistas, transfeministas e internacionalistas. En medio de una convocatoria de huelga general por la vivienda y contra todos los poderes que viven de desangrar a la clase trabajadora, CNT Valladolid inaugura un nuevo local en calle Merced, 6, de Valladolid, entre las plazas de Santa Cruz y Circular.

Hace más de dos años empezamos un proyecto muy ilusionante. Nuestro local se quedaba pequeño y teníamos que buscar otro. Hicimos un proceso de reflexión colectiva, para tener claras nuestras necesidades presentes y futuras. Una tienda de fontanería se ha convertido en un sindicato como el nuestro, con más salas donde reunirse, un salón amplio en el que convocar actos… Un nuevo espacio en Valladolid a disposición de todas las personas trabajadoras.

A pesar de que quedan retoques, el pasado 17 de octubre nos decidimos a abrir puertas en un acto en el que nos reunimos la afiliacIón con personas afines del presente y del futuro. Contamos con las actuaciones de Jesús Puebla MImo, de Rubén Ruiz, Rosa Vicente y José Luis Alonso, de Chusma y de Juguillos, de Astrolabio, y tuvimos ocasión de mover el esqueleto con las aportaciones de Eva DJ. No faltaron el recorrido por el nuevo local, el picoteo hecho a mano en comida y bebida, y sobre todo las ganas de llenar de vida esta nueva casa para la rebeldía y la defensa frente a empresaurios y politicastros de todos nuestros derechos actuales y los que nos inventemos en el futuro. Para todo ello y más, contad con CNT, vuestra herramienta de lucha, vuestro sindicato de clase, vuestra alternativa sindical.

A continuación hemos puesto en marcha unas jornadas de inauguración de las que tenéis información en inauguracion.cntvalladolid.es

Reproducimos a continuación el manifiesto que refleja esta nueva etapa:

Hoy, sábado, 17 de octubre, inauguramos una nueva etapa en CNT Valladolid.

Estrenamos un espacio más amplio. Un espacio donde pueda entrar más gente, donde podamos encontrarnos, organizarnos y construir juntas una respuesta colectiva a la realidad que vivimos.

Porque este local no es solamente un lugar nuevo. Es un espacio de encuentro para quienes entendemos que nuestros derechos no son concesiones, que la dignidad no se negocia y que nuestra fuerza está en la lucha obrera.

Y cuando decimos clase trabajadora, no hablamos solo de quienes tienen un contrato o un empleo. También hablamos de quienes trabajan sin derechos, de quienes sostienen los cuidados y de quienes encuentran las puertas cerradas al empleo por su identidad o su condición.

Porque si el sistema utiliza esas diferencias para dividirnos y para colocar a unas personas en posiciones de mayor vulnerabilidad, el sindicalismo tiene que hacer justamente lo contrario: reconocernos como parte de una misma clase y organizarnos juntas.

Por eso abrimos este espacio.

Para que haya más gente, más organización y más lucha.

Porque somos CNT

CNT tiene una historia profundamente ligada a la organización de la clase trabajadora y a la lucha por los derechos laborales y sociales.

Antes que este local, CNT tuvo varios, cada uno con su historia: desahucios, asaltos policiales, atentados… Desde la calle Francisco Zarandona multiplicó por diez su afiliación en tiempos de la segunda republica; desde los pactos de la moncloa, superando multiples dificultades, hemos crecido en varios locales en Valladolid que han ido abriendo cada vez más brecha en la provincia y en la ciudad. Hasta llegar a este en el que nos encontramos

Somos anarcosindicalistas. Entendemos que quienes vivimos de nuestro trabajo tenemos capacidad para defender nuestros derechos colectivamente y para construir otras formas de relacionarnos y organizarnos frente a la explotación.

Tenemos una memoria sindical fuerte y combativa. Pero no queremos convertir esa memoria en una fotografía, ni mirar hacia atrás únicamente para recordar lo que fuimos. Nuestra memoria nos obliga a mirar hacia delante.

Porque el sistema contra el que se organizaron quienes nos precedieron no ha desaparecido. La explotación adopta nuevas formas. La precariedad se normaliza. Trabajar ya no garantiza unas condiciones de vida dignas. Y quienes acumulan riqueza siguen teniendo capacidad para decidir sobre nuestras vidas.

Por eso estamos aquí.

Porque la lucha sigue

Y esa lucha sigue hoy en múltiples frentes que se complementan.

Una de ellas es la lucha antifascista.

Estamos viendo crecer discursos que alimentan el odio y el miedo para enfrentar a la clase trabajadora e impedir que veamos las causas de fondo de la desigualdad.

Lo vemos en el avance de la extrema derecha, en las políticas contra las personas migrantes, en la violencia contra determinados colectivos y también aquí, en nuestros barrios, con la aparición de grupos neonazis.

Entendemos que la lucha antifascista debe responder cuando la extrema derecha aparece en la calle. Y también tenemos que combatir las condiciones que permiten que esos discursos crezcan.

Porque cuando la precariedad aumenta, los derechos se recortan y los recursos escasean, la pobreza se enquista en determinados barrios. Y es ahí donde los grupos de extrema derecha encuentran un terreno fértil para extender su odio y enfrentar entre sí a quienes más sufren las consecuencias de este sistema.

Por eso, cuando nos quieren enfrentadas, la respuesta tiene que ser la misma: apoyo mutuo y solidaridad.

Somos anticapitalistas

Porque el capitalismo no es únicamente una manera de organizar la economía. Es un sistema que convierte nuestras necesidades básicas en negocios y nuestros derechos en privilegios para quien puede pagarlos.

Y si hay un ejemplo claro de esto, es la vivienda. Hay muchas personas que no pueden acceder a una casa mientras unas pocas acumulan propiedades. No podemos aceptar pagarle a un rentista una parte cada vez mayor de lo que ganamos.

Esto no es un problema individual. Es una violencia económica ejercida y amparada por el sistema capitalista. El capital se apropia de nuestro tiempo, explota nuestros cuerpos y hace recaer sobre la clase trabajadora el coste de sostener una sociedad profundamente desigual.

Porque violencia es que quienes están empachados nos pidan que agradezcamos las migajas.

Nos negamos a sobrevivir para enriquecer a quienes nos explotan. Queremos una vida que no esté sometida al capital ni al beneficio de unos pocos.

Igualmente nos oponemos a un sistema que explota la tierra, los animales y los recursos naturales poniendo el beneficio económico por encima de la vida. Porque tampoco puede haber justicia social sin justicia ambiental. Nuestra lucha también es ecosocial. Por un sistema sostenible que ponga la vida en el centro y respete el lugar que habitamos.

Somos antirracistas

No podemos hablar como clase trabajadora sin hablar del racismo que atraviesa nuestras vidas y nuestros espacios de trabajo.

La Ley de Extranjería convierte la situación administrativa en una herramienta de control, esclavitud y explotación. Un sistema que ilegaliza a miles de personas para someterlas a condiciones sociolaborales que nadie debería aceptar.

Y no podemos hablar de racismo sin nombrar el antigitanismo, una forma histórica de discriminación que continúa atravesando instituciones, empleo, vivienda, educación y acceso a derechos.

El racismo está en las fronteras. Está en la discriminación cotidiana. Está en los controles policiales. Está en la precariedad laboral. Está en la sospecha permanente sobre determinados cuerpos y determinados barrios.

Mientras tanto, discursos políticos y mediáticos deshumanizan a las personas racializadas, las convierten en chivos expiatorios y alimentan el odio que sostiene esta desigualdad.

No hay justicia social mientras se permita que una parte de la clase trabajadora sea explotada con menos derechos que otra. Por eso, combatir el racismo, la xenofobia y el antigitanismo es una tarea sindical.

Somos transfeministas

Porque tampoco hay justicia social mientras el patriarcado siga condicionando nuestras vidas y nuestros cuerpos.

El asesinato machista es su expresión más brutal. Sí, nos matan, pero la violencia que sufrimos no empieza con el asesinato. Empieza con el control, el miedo, la dependencia económica, la desigualdad y la impunidad. Se refuerza con la precariedad laboral, la carga de los cuidados y todas las barreras que dificultan nuestra autonomía.

Las múltiples violencias machistas se manifiestan de diversas formas: agresiones sexuales, explotación, acoso, violencia obstétrica y la falta de acceso a un aborto seguro, libre y en nuestro hospital.

Sabemos que estas violencias no afectan a todas por igual: la clase, el origen, la identidad de género o la orientación sexual también condicionan las posibilidades de vivir libres y seguras.

Por eso somos transfeministas, porque luchamos contra el patriarcado, el machismo, la LGTBIfobia y todas las formas de dominación que castigan a quienes desobedecen los mandatos de género y pretenden decidir cómo debemos vivir, amar y habitar nuestros cuerpos.

Frente a quienes niegan, minimizan o justifican estas violencias, no vamos a callarnos ni a dar un paso atrás. Organización, autodefensa y lucha transfeminista.

Y también somos internacionalistas.

Porque no podemos hablar de justicia mientras existan guerras, ocupaciones, genocidios y pueblos sometidos. Defendemos la soberanía de los pueblos y su autodeterminación.

Que viva la lucha del pueblo palestino, y de tantos otros pueblos que resisten la opresión.

Todas estas luchas forman parte de una misma. No podemos combatir la explotación sin enfrentarnos al racismo, al patriarcado y al fascismo; ni defender la dignidad y los derechos de todas las personas sin combatir las distintas formas de opresión que atraviesan nuestras vidas.

Estas luchas no se contradicen ni compiten entre sí; sino todo lo contrario. Se complementan y se necesitan para responder con organización y solidaridad.

Nuestra lucha será colectiva, o no será.

Pero no queremos que nuestra respuesta sea únicamente resistir. También queremos construir.

Porque hacer política no es solo denunciar las injusticias y enfrentarnos a quienes nos oprimen. También es encontrarnos en nuestras diferencias, compartir cultura, celebrar la alegría y reconocernos como parte de un todo que apuesta por otro modelo de sociedad.

Queremos construir comunidad, tejer redes de apoyo mutuo y recuperar la capacidad de sostenernos colectivamente frente a un sistema que nos quiere aisladas y compitiendo entre nosotras.

Queremos hacer barrio, ocupar las calles y que este espacio que inauguramos hoy sea un ejemplo de lugar de encuentro y organización, pero también un lugar donde construir vínculos que pongan los cuidados en el centro.

Reivindicamos las relaciones de apoyo, organizarnos desde abajo y acompañarnos para dejar de afrontar individualmente problemas que son colectivos.

Porque cuidarnos no es una cuestión privada ni una responsabilidad individual, es una cuestión política.

Por eso necesitamos más organización, más participación y más lucha.

Queremos una CNT viva, abierta y presente en Valladolid. Una CNT que esté en los centros de trabajo, pero también en los barrios, en las calles y en todos esos espacios donde se construyen nuestras vidas. Que conecte luchas, que teja alianzas y que sea una herramienta útil para quienes creemos que la lucha colectiva puede conquistar derechos.

Lo hemos comprobado y lo vemos a día de hoy en la lucha por la vivienda y en la Huelga General. Cuando nos organizamos, podemos plantar cara a quienes pretenden convertir nuestras necesidades en un negocio. Esos avances nos dan motivos para seguir organizándonos y fuerzas para alimentar las luchas obreras.

Por eso os invitamos a participar, a acercaros a CNT, a organizaros con nosotras. A traer vuestras luchas, vuestras ideas y vuestras ganas de transformar las cosas. Este local es también vuestro.

Porque Valladolid la hacemos quienes la habitamos, quienes la sostenemos y quienes participamos en ella. Queremos hacer ciudad desde abajo, desde los barrios, desde el apoyo mutuo, desde la solidaridad de clase y desde la organización colectiva.

Hoy abrimos una puerta. Ahora toca llenarla de gente, de luchas, de encuentros y de vida.

¡Salud, organización y lucha! ¡Viva la CNT!

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