Pasado el peor período de la ola de incendios que cada año asola nuestro país, desde la CNT y la sección sindical en el SPIF de Galiza queremos denunciar las deplorables condiciones de trabajo en las que los profesionales de la extinción de incendios forestales tuvieron que hacer frente a situaciones de máxima tensión y de máximo peligro para su seguridad y salud laboral.
En primer lugar, debe señalarse que se tuvo que intervenir en un contexto de alarmante falta de efectivos y de desorganización del servicio. Es de sobra conocido que el SPIF no cuenta con personal suficiente para cubrir todos los operativos porque existen muchas plazas desiertas en los distritos de la provincia de Ourense. A esto hay que sumar que se decidió reducir el número de efectivos en cada una de las brigadas, cuando era fácil deducir que sito supondría menos efectivos disponibles en cada momento para actuar en momentos de emergencia.
Muchas brigadas están desdobladas, sin jefes de equipo y con escasos efectivos. La cobertura de bajas es inexistente, y deben hacer desplazamientos entre distritos para apagar los fuegos. La falta de conductores impide que muchas motobombas puedan ser operativas, dejando al dispositivo sin capacidad real de respuesta cuando los incendios se multiplican. Desde esta sección sindical se alertaba en el mes de julio: “Cada incendio simultáneo es una emergencia gestionada en el límite, con la mitad de los medios y con el doble de riesgo. La sobrecarga del personal y la falta de planificación está convirtiendo el sistema en una bomba de relojería”. No era difícil saber que la bomba explotaría. En todo caso, a esta situación se suma la falta crónica de efectivos durante todo el año para poder llevar a cabo las necesarias tareas de prevención.
Se suele decir que el fuego se apaga en invierno y no en verano, y no puede ser más cierto, pero para enfrentar estas labores de prevención debe aumentarse el número de personas contratadas por el año completo, y en este momento existen cientos de plazas de personal fijo-discontinuo que apenas trabaja siete meses, entre mayo y noviembre, prácticamente siempre en temporada de riesgo alto de incendios. Es necesaria la ampliación estructural del servicio con personal contratado a tiempo completo. La Xunta anunció recientemente algunos cambios, como la ampliación de contratos de seis a nueve meses o la renovación de vehículos.
Sin embargo, para los trabajadores se trata de una cortina de humo que no resuelve ni la precariedad laboral, ni la falta de personal, ni la ausencia de reconocimiento profesional. Nuevamente, debemos recordar que ya se alertaba de esto en el mes de julio: “Mejorar contratos temporales no es dignificar un trabajo esencial, es seguir vendiendo humo mientras nos ahogamos en él”.
En tercero lugar, hay que señalar la deficiente equipación del personal para llevar a cabo las funciones de extinción. Los EPIS que se entregan al personal no son válidos para la extinción de incendios de estas características ni en las circunstancias en las que se llevaron a cabo, de forma que muchos compañeros se vieron afectados, sufriendo quemaduras y otros percances por culpa de estas deficiencias, situación que será inmediatamente denunciada ante la Inspección de Trabajo por parte de este sindicato.
En cuarto lugar, a esto deben añadirse las largas jornadas en los momentos de extinción, que superan las doce horas, lo que implica trabajar en contextos de cansancio extremo y que supone un peligro incrementado de sufrir accidentes o resultar lesionados. Pero a esta situación aún deben añadirse las largas jornadas de desplazamientos por la carretera para el personal desplazado, lo que nuevamente aumenta los riesgos de sufrir un accidente. Finalmente, y una vez más, debe ponerse el foco en el trato inhumano que recibe el personal del SPIF por parte de la Xunta de Galicia.
La falta de descanso, la deshidratación, el desgaste físico y el estrés constante hacen parte de una rutina que debería ser inadmisible en cualquier servicio público, y a esto se añade la mala alimentación y la escasez de medios materiales. También debe denunciarse la degradación profesional que sufre el servicio, pues hay que tener en cuenta hasta qué punto el personal profesional de la extinción de incendios desaparece, es borrado de la imagen, para privilegiar a la UME, un cuerpo cuya contribución es nula en la extinción de incendios. ¿Quién apaga el fuego? Nosotros y no la UME.
Texto original: https://cnt.gal/a-cnt-denuncia-a-precariedade-no-servizo-de-extincion-de-incendios-forestais/