Editorial por la Secretaria General de la CNT | Ilustración de Cris Mencía | Extraído del cnt nº 440
De un tiempo a esta parte nos encontramos, las que no nos conformamos con las migajas de este sistema corrupto, con infinidad de noticias que no hacen más que darnos alas para seguir con la lucha día tras día. Desde las pésimas gestiones en las últimas catástrofes que hemos vivido, como la DANA o los incendios de este mismo verano, sin olvidar por un solo momento los recortes en sanidad y educación, teniendo en cuenta la imposibilidad de cuidar y siendo totalmente conscientes de las políticas que solamente benefician a una ínfima parte de la población, debemos entender el abandono de las instituciones a cada vez más capas de la población como los síntomas de la decadencia y colapso al que se dirige el Estado tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Y es en este contexto en el que la creciente criminalización a las que osamos alzar la voz es una realidad. Podemos listar varios de los procesos que, a mi humilde parecer, son un atropello a la lucha social: las 6 de Zaragoza, las 7 de Somosaguas, el encarcelamiento de Pablo Hasel y, más recientemente, la condena y entrada en prisión de Las 6 de la Suiza, nuestras compañeras. Todos, y cada uno de los casos citados, son los que nos sirven para abrir los ojos y comprender lo pequeñas que somos solas, la falta que hace estar organizadas y unidas, porque el enemigo es más grande y nos quiere calladas.
La entrada de las compañeras en prisión ha sido el desenlace a un proceso judicial de ocho años, acompañado de la protesta y presión social que desde la CNT no nos hemos cansado de mantener con el apoyo del resto del movimiento sindical. Gracias a esta presión, y a la defensa jurídica que nuestra organización ha proporcionado a las compañeras, finalmente han logrado acceder al tercer grado. Sin embargo, hemos de volver a señalar que los intereses, los contactos y la voluntad de dictar una sentencia «ejemplarizante» y anunciada desde el inicio, se han materializado con su encarcelación. Y sí, la palabra es encarcelación, puesto que están privadas de la libertad que como anarquistas tanto ansiamos. Privadas de poder desarrollar una vida sin privaciones, sin horarios restrictivos y que les permita decidir cómo, dónde y con quién estar.
No olvidemos que un tercer grado es un permiso revisable, por tanto, si hay cualquier percance, pueden tener que volver a pasar las 24 horas del día encerradas.
Solo la lucha es la que hace que conquistemos y ampliemos nuestra libertad, por eso no nos quieren organizadas, ya que sin organización carecemos de la fuerza para ello. Ni jueces, ni fiscales, ni parlamentos ni gobiernos, solo la fuerza de la clase trabajadora nos puede permitir alcanzar la Libertad.
¿Las consecuencias de esta sentencia? Algunas de ellas han perdido el trabajo, otras cuentan con dificultades para poder conciliarlo con su vida personal y atender sus responsabilidades y cuidar de los suyos. Paradojas del sistema que dice servir para la reinserción de las personas, y no permite que una pueda ganarse el pan o, simplemente, vivir dignamente.
Pero como anarcosindicalistas debemos cuestionarnos si la sentencia es solo para las seis compañeras, o sirve a un propósito más grande. La CNT hemos venido denunciando todos estos años que hacer sindicalismo no es delito, pero han terminado en la prisión por su acción sindical. Entonces yo me pregunto: ¿qué es un delito? Como trabajadora, a poco que busquemos en la historia veremos que hacer huelga ha sido delito en muchas épocas en nuestro país, y hoy sigue siendo delito en países como Argelia, Bangladesh, Brasil, Co- lombia, Guatemala, Kazajistán, Filipinas, Arabia Saudita, Turquía y Zimbabwe, por ejemplo.
Como mujeres sabemos que también fue delito la mayoría de los derechos que hemos luchado: la libertad sexual, el aborto, el divorcio… que siguen siendo delito en muchos países hoy también, incluso hoy día sigue siendo delito el aborto en el Reino de España. Lo que me lleva a la conclusión que lo que es o no delito lo dicen las leyes, los jueces y los gobiernos para beneficio de la clase dominante.
Solo la lucha es la que hace que conquistemos y ampliemos nuestra libertad, por eso no nos quieren organizadas, ya que sin organización carecemos de la fuerza para ello. Ni jueces, ni fiscales, ni parlamentos ni gobiernos, solo la fuerza de la clase trabajadora nos puede permitir alcanzar la Libertad. Para la clase dominante, para la burguesía, hacer sindicalismo será siempre un crimen. Y la CNT seguirá ejerciéndolo hasta que la clase trabajadora se emancipe y creemos ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.
