La IA (parte 1). Una introducción

OTRAS MIRADAS | Ilustración de Andrés S. P. + Leonard.ai | Extraído del cnt nº 440

La Inteligencia Artificial (IA) ha pasado de ser un concepto futurista a convertirse en una fuerza omnipresente que ha revolucionado diversos ámbitos con sus capacidades transformadoras. Está modificando no solo el entorno económico, productivo y social, sino que también impacta significativamente en nuestra forma de concebir la vida y nuestras relaciones con el entorno. Lo más sorprendente es la rapidez de su implantación, a pesar de encontrarse aún en una fase inicial de desarrollo. Lo más grave es su lado «oscuro», que impide conocer a fondo las características y fundamentos de esta tecnología, evitando así una sensibilización crítica a nivel social e individual.

Lo crucial es tomar conciencia

Nos encontramos en la cuarta Revolución Industrial, y algunos ya hablan de una quinta, por lo que es necesario analizar el impacto social de las nuevas tecnologías en diferentes aspectos como el económico, industrial y laboral, así como las consideraciones éticas de su uso. Por ello, es crucial que las organizaciones anarquistas tomen conciencia y ofrezcan una comprensión sistemática sobre las tecnologías emergentes y su aplicación, especialmente en lo que respecta a las aplicaciones de la IA que están afectando nuestra existencia como seres humanos.

¿Por qué debemos los anarquistas responder en estos momentos? Los sistemas de IA son expresiones de poder que surgen de las fuerzas económicas y políticas para intervenir en el mundo de forma que benefician principalmente a los estados y corporaciones tecnológicas, que las desarrollan para aumentar los beneficios y centralizar el control.

Es crucial tomar conciencia y obtener una comprensión sistemática sobre las tecnologías emergentes y su aplicación, especialmente en lo que respecta a las aplicaciones de la IA que están afectando nuestra existencia como seres humanos

Es necesario que los anarquistas nos comprometamos en un activismo crítico que permita contrarrestar las amenazas que presenta la IA y tomar conciencia de cómo contribuye a la desigualdad, la desinformación, los daños medioambientales, la discriminación, la creación de nuevas jerarquías y desigualdades, y el refuerzo del Estado y sus estructuras. Este activismo sería inútil si no va acompañado de una formación teórica sobre la IA, de aprendizaje y debate, destacando la importancia de la naturaleza colectiva y la educación activista.

A pesar del lado oscuro de la IA, también existe un lado luminoso y esperanzador. Bien entendida y dirigida, la IA ofrece una serie de posibilidades que podrían permitir erradicar la pobreza, recuperar el medio ambiente, mejorar la sanidad, y crear un mundo más solidario, libre, justo y con individuos más felices.

Diariamente, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, surgen reportajes, artículos y comentarios sobre la IA, realizados muchas veces por personas con escasos conocimientos, lo que provoca confusión y crea relatos que ocultan a la opinión pública las características fundamentales de las aplicaciones de la IA, impidiendo el debate y la crítica necesarios.

Toda tecnología emergente emplea un vocabulario particular que puede ser difícil de entender para los no especialistas. Por ello, vamos a tratar de ofrecer una descripción sucinta de la IA y de sus desarrollos, sin formalismos matemáticos, de la manera más didáctica posible, presentando los conceptos y aplicaciones de forma conceptual para que todo el mundo pueda comprender.

¿Qué es la Inteligencia artificial?

Existen múltiples definiciones de Inteligencia Artificial (IA). Cuando hablamos de ’Artificial’, nos referimos a algo que no se ha formado de manera natural, sino que ha sido fabricado o modificado por la intervención humana. Comencemos con una definición sencilla: la IA es una máquina o sistema que realiza tareas que normalmente requieren inteligencia humana; es decir, podríamos considerar a la IA como una máquina inteligente que simula la inteligencia humana. Esto nos lleva a preguntarnos qué entendemos por inteligencia humana.

Podemos definir la inteligencia humana como la capacidad del ser humano para pensar, razonar, aprender, resolver problemas, comunicarse y adaptarse a su entorno. Además, la inteligencia humana no es solo lógica; está profundamente influenciada por emociones como la alegría, el miedo, la tristeza y la empatía. Es multifacética, abarcando no solo habilidades cognitivas sino también emocionales y sociales.

Los humanos poseen conciencia, emociones y empatía, lo que les permite interactuar de manera más profunda con el entorno y otras personas; la IA, en cambio, no tiene emociones reales ni conciencia, puede simular emociones, pero no las experimenta.

Esta inteligencia es el resultado de la actividad cerebral y ha evolucionado a lo largo de miles de generaciones, permitiéndonos sobrevivir en ambientes hostiles, colaborar con nuestros semejantes y progresar como especie.

Ahora estamos en condiciones de empezar a definir de manera más formal qué es la IA: es una ciencia que se ocupa del diseño y construcción de máquinas inteligentes capaces de realizar tareas como pensar, razonar, aprender, resolver problemas, percibir el entorno, tomar decisiones y emocionarse, simulando e incluso superando las capacidades cognitivas humanas.

Aunque la inteligencia humana y la inteligencia artificial son conceptos profundamente diferentes, están interrelacionados. Mientras que la inteligencia humana es biológica y producto de millones de años de evolución, la IA es creada por humanos y basada en algoritmos y modelos matemáticos. A diferencia de los humanos, que aprenden de la experiencia y la reflexión, la IA aprende de grandes cantidades de datos y algoritmos y su aprendizaje está limitado al alcance de los datos con los que ha sido entrenada. Los humanos poseen conciencia, emociones y empatía, lo que les permite interactuar de manera más profunda con el entorno y otras personas; la IA, en cambio, no tiene emociones reales ni conciencia, puede simular emociones, pero no las experimenta. Además, aunque la inteligencia humana procesa información de manera lenta, es capaz de interpretar matices y comprender conceptos abstractos y contextos complejos, mientras que la IA procesa enormes cantidades de datos rápidamente, pero carece de la capacidad para comprender el contexto más amplio o la subjetividad.

Clasificación de la IA

Se puede clasificar IA en tres categorías:

  • La IA débil (también conocida como IA estrecha o específica) Esta categoría se refiere a sistemas diseñados para realizar tareas específicas y perfectamente definidas. Los sistemas de IA débil no pueden ejecutar tareas fuera de su ámbito de diseño. Dependiendo de conjuntos concretos de datos y algoritmos especializados, estos sistemas incluyen ejemplos como vehículos autónomos, robots programados para ensamblar piezas o pintar productos en cadenas de montaje, sistemas para jugar al ajedrez, el reconocimiento de imágenes, y el procesamiento de lenguaje natural, con ejemplos notables como Siri, Alexa, o los sistemas de recomendación de Netflix. Aunque estos sistemas son eficaces en sus tareas designadas, carecen de las capacidades cognitivas generales de los humanos. Estos sistemas son muy eficaces en sus tareas y no posee la capacidad de pensar, aprender o actuar más allá de su programación específica.
  • La IA fuerte, también conocida como IA general: Teóricamente sería capaz de aprender, razonar , adaptarse, simular emociones humanas de forma similar a la inteligencia humana. A diferencia de la IA débil, que está limitada a tareas específicas, la IA fuerte podría comprender y aprender cualquier tarea intelectual que un humano pueda realizar. Actualmente la IA fuerte no existe, permanece en el ámbito teórico y de investigación, pero es un objetivo a largo plazo para los investigadores.
  • Super IA (o Superinteligencia artificial ASI). Este futurista sistema de IA superaría la inteligencia humana en todos los aspectos, incluyendo la creatividad, la resolución general de problemas, la toma de decisiones y la inteligencia emocional y social. La ASI no solo sería capaz de realizar todas las tareas cognitivas mejor que los humanos, sino que también poseería la capacidad de rediseñarse y mejorarse a sí misma, evolucionando de forma autónoma. Esto podría permitirle dominar todos los campos de la tecnología, desde la computación cuántica hasta la biotecnología, resolviendo problemas que los humanos nunca podrían superar. Una de las principales preocupaciones en torno a la ASI es la posibilidad de que represente un riesgo existencial para la humanidad, ya que a los humanos les resultaría imposible predecir o regular su comportamiento. Además, podría llevar a una automatización total que provocaría un desempleo masivo y problemas en la distribución de la riqueza y los recursos.
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