«Si no hacemos bien las cosas, las victorias de los que nos precedieron se perderán»

CNT A FONDO | CATALUÑA Y BALEARES

Entrevista a José María Martínez, secretario general de la regional catalano-balear, en la que realiza un repaso de la actividad y estado
acual de los sindicatos que componen esta regional.

Redacción | Periódico CNT

Trabajador en la Generalitat
de Catalunya como ingeniero informático de sistemas operativos, José María
Martínez (1988) está a un paso de ceder el testigo como secretario regional de
CNT, sindicato al que se afilió en 2010. Aficionado a la informática confiesa
que “siempre estoy haciendo chapucillas”, pero tiene entre ceja y ceja
licenciarse en Derecho para “ayudar con algo más” a los trabajadores. Un
conflicto laboral con la Administración catalana unió a Martínez a otros dos
compañeros para entablar una lucha que, en el plano judicial, está en el limbo
de lo kafkiano. “Estoy liberado (con el 100% del sueldo) por la empresa y con
dinero público, pero nos impiden trabajar” hasta que no haya una sentencia
firme. Asegura el todavía secretario general que “los datos de afiliación son
buenos, pero aún así no son como deberían serlo en una comunidad autónoma con
tanta historia anarcosindicalista y en una situación de crisis como la actual”.

Pregunta.- ¿Qué
ha significado para ti el mandato al frente de la regional?

Respuesta.- Significó un paso de responsabilidad con el sindicato. Cuando me
ofrecí para ser secretario regional nos encontrábamos con un SP saliente, que
había agotado el mandato, estaba en funciones y totalmente en cuadro. Alguien
debía intentar ‘estabilizar’ la regional y cualquiera creo que hubiera sido
capaz; simplemente di el paso como lo podía haber dado otro (y seguro que lo
hubiera hecho mejor). Es algo duro, no lo voy a negar. Predicar la
autoorganización y la emancipación de la clase trabajadora tiene un precio y si
los propios militantes no somos capaces de pagarlo, harto difícil será
hacérselo llegar al resto de la clase trabajadora.

P.– ¿Cómo
definirías la afiliación de CNT en Catalunya y Baleares? Joven, madura…

R.- Tenemos un
salto generacional. En la regional hay militantes de 20 a 30 años y a partir de los
50. Parece que hay un agujero por el que se perdió una generación entera.  Hace falta más gente joven en la
organización, aunque no debemos olvidarnos del pasado o repetiremos los mismos
errores.

P.- CNT fue
un referente de la lucha obrera, ¿hoy en día cuál es la situación del anarcosindicalismo?

R.- El
anarcosindicalismo funciona, se ha demostrado en el pasado, y, también, de mil
formas diferentes, en el presente. En la calle la gente habla y defiende los
ideales anarquistas aunque con otras palabras. El hartazgo hacia la clase
política es generalizado; por contra, la gente se organiza en los barrios para llevar
a cabo actividades al margen de la administración. Quieren un cambio, pero
falta una referencia. Nosotros podríamos llegar a serlo,   pero
hemos perdido el poder de transmitirlo. Si a esto le sumamos los problemas
internos que tenemos con apenas 6.000 afiliados, cualquiera te podrá venir con
el discurso: si no puedes arreglar tu casa con 6.000 personas cómo pretendes
enseñar a 60 millones a organizarse. Sin trabajadores dispuestos a defender sus
puestos de trabajo y luchar ya no solo por sus derechos, sino por conseguir
unos mejores, no hay mucho más que podamos hacer, a parte de desgañitarnos para
que nos escuchen.

P.-
¿Pesa el peso de la Historia?

R.- Creo que la Historia
nos ayuda a conocer que pasó y por qué pasó lo que pasó. El problema viene
cuando quieres vivir de esa historia. El crédito se ha acabado y no podemos recurrir
a ello eternamente. Si no hacemos algo nosotros, las victorias de nuestros
abuelos se perderán. Aunque la Historia debe servir para avanzar, en bastantes
ocasiones nos hace quedarnos atrás recordando, mientras nos olvidamos del
ahora.

P.-
Los movimientos sociales han adoptado formas de organización propias del
movimiento libertario. ¿Es la única herencia que resulta visible?

R.- No creo que sea la única herencia, pero sí una que considero muy
importante. Un sindicato que predica la autoorganización y la solidaridad ha de
sentirse orgulloso de que, en parte, gracias al pasado y al trabajo presente de
CNT, haya muchos otros movimientos libertarios que trabajan por los mismos
fines. No podemos colgarnos la medalla de únicos y verdaderos protectores de
los valores de apoyo mutuo, autogestión, solidaridad, etc. Hay otros muchos
movimientos que han aprendido y han sabido adaptarse a la situación actual
movilizando muchísima gente para conseguir fines que persigue la CNT. Eso sí,
una de las cosas que más daño nos puede hacer es creernos que somos un
movimiento libertario o movimiento social. La CNT es un sindicato con principios
anarquistas, y el orden en este caso sí es importante para el producto final.
Cuando consigamos que la clase trabajadora se organice y defienda su
emancipación, el resto de temas vendrán solos. No digo que nos olvidemos de la
faceta social que tiene CNT, pero si nos queremos comparar con los movimientos
libertarios creo que acabaremos siendo uno más y perderemos lo que ha hecho a
CNT ser distinta durante más de 100 años.

P.- Nacionalismo
y anarquismo, dos conceptos antaño antagónicos que hoy se acomodan en el
discurso antiautoritario, ¿es posible un futuro que aglutine a ambas
ideologías?

R.- No concibo la unión de anarquismo y nacionalismo. En Cataluña ha
salido a la luz un nuevo nacionalismo que resurge desde un sentimiento latente.
La gente por desgracia olvida muchas cosas y parece que ahora CiU es hasta
buena. Porque si atacas a CiU, a los Puyol, estás atacando a Cataluña. Ese
sentimiento provoca discursos totalmente irracionales y desestructurados. Es un
poco como el aficionado al futbol, todo lo que haga su equipo está bien, aunque
esto le joda a él mismo, pero si mi equipo quiere eso, todos a una. El
anarquismo también busca la unidad, pero de forma totalmente antagónica a los
nacionalistas. El discurso nacionalista, ejecutado por un partido de derechas,
me sigue sonando muy poco antiautoritario, aunque lo adornen como quieran.
Suena un poco a revolución francesa: una vez conseguido que el pueblo se alce
en contra del rey y los señores feudales, se les pide volved a casa porque ya
estamos los burgueses para gobernar.

P.- Llegó la
crisis y se salió a la calle en defensa de unos derechos borrados del mapa. Sin
embargo, ahora, se detecta una cierta desmovilización, ¿a qué se debe?

R.- Se ha instaurado en la sociedad una actitud de brazos caídos “que
me lo solucione otro, yo te apoyo, pero de lejos”. Esto, unido al miedo y la
opresión que de manera más que estudiada lleva a cabo el Estado en la sociedad,
hace que la gente prefiera una alternativa menos reivindicativa; tal vez, más
segura. Muchos olvidan que la jornada de 8 horas o todos los derechos que se
han conseguido hasta el momento fue luchando en las calles. La gente ha
olvidado que si un empresario te contrata es porque gana dinero, de lo contario
te despedirán rápidamente. Por
desgracia, hay a quienes les ha
calado el mensaje de “bueno, al menos tengo trabajo”. La televisión y las
alternativas electoralistas han hecho que la gente pierda la perspectiva, se
olvide de quién hace funcionar cada día las fábricas, los restaurantes o los
trenes. Mientras no se recupere esa conciencia será difícil que la gente vuelva
a salir a las calles. Muchas veces la propia clase trabajadora es su peor
enemiga, y sino ¿por qué tiene el PP mayoría absoluta? Hay que borrar para
siempre la dichosa frase de que “yo no hago huelga, yo no me movilizo, porque
no sirve para nada”. Claro que sirve, y no solo eso: es el único camino.

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