Desde CNT exigimos:
- El esclarecimiento de las cerca de cien muertes ocurridas en la frontera.
- La liberación de los detenidos.
- Transparencia informativa total.
- La liberación de todos los presos políticos de las cárceles de Marruecos.
- El fin de la dictadura de Mohamed VI.
- El fin del apoyo del gobierno español a esta dictadura.
- La prohibición de los grupos parafascistas que parasitan cada crisis política.
- La reapertura de los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla que estaban abiertos antes del COVID.
- La derogación de la Ley de Extranjería.
Queremos empezar solidarizándonos con los familiares y amigos de todas las personas fallecidas y de las familias con personas presas.
Las recientes tensiones entre los Estados español y marroquí vuelven a situar a Ceuta en el centro de un conflicto que, una vez más, se presenta como una simple cuestión de soberanía nacional y de control fronterizo. Sin embargo, desde la CNT entendemos que este enfoque oculta el verdadero problema y desplaza la atención de quienes sufren las consecuencias: la clase trabajadora. Tanto la de un lado como la del otro lado de la frontera.
Los gobiernos de España y de Marruecos utilizan la frontera como un instrumento de negociación política. El estado marroquí emplea el control de los flujos migratorios como elemento de presión diplomática, mientras que el estado español responde reforzando la militarización de las fronteras y endureciendo las políticas migratorias, «subcontratando» de esta manera esta política fronteriza de muertes, haciendo concesiones a la dictadura de Mohamed VI.
Concesiones como la legitimación de su régimen dictatorial, que cuenta con centenares de presos políticos, que pisotea la legalidad internacional, como la validación de la ocupación militar del Sáhara Occidental, con su reguero de violaciones de los Derechos Humanos. En medio de esta disputa entre estados quedan miles de personas trabajadoras obligadas a migrar por la represión política, la pobreza, la precariedad, la falta de oportunidades o las consecuencias de un modelo económico profundamente desigual. Es esta desigualdad la que crea de hecho las fronteras. Sin esta desigualdad no hay «frontera».
Esta situación es aprovechada por la extrema derecha que señala a las personas migrantes como causa de los problemas sociales. Que la llegada de personas migrantes se convierta en un conflicto internacional es una decisión política del capital y de los gobiernos que lo administran.
En este sentido, existe una clara alianza de facto entre la extrema derecha xenófoba, que defiende a los capitalistas y señala a los migrantes, y la dictadura del rey de Marruecos, al que, visto está, le importa bien poco su propio pueblo. No es casualidad que hace tan solo unos días el dictador bautizara con el nombre de «Donald Trump» a una autovía que pretende construir en el Sáhara Ocupado. Sáhara ocupado, recordemos, con la ayuda militar que el estado de Israel le presta al estado marroquí.
La clase dominante utiliza deliberadamente la escasez planificada de recursos públicos para enfrentar a unos trabajadores con otros. Mientras que se privatizan los servicios públicos, se limita la inversión social, empleando este dinero en gasto militar, y se favorece la acumulación de beneficios privados, se está alimentando el discurso de que el problema son quienes llegan buscando una vida mejor. Así se desvía la responsabilidad de quienes realmente concentran la riqueza y toman las decisiones económicas.
Las personas migrantes no son nuestras enemigas. Tampoco lo son las trabajadoras y trabajadores marroquíes, cuya explotación responde a la misma lógica que sufren quienes trabajamos en el Estado español. La competencia entre trabajadores no surge de la migración, sino de un sistema económico que necesita mano de obra precarizada, sin derechos y fácilmente explotable para presionar a la baja las condiciones laborales del conjunto de la clase trabajadora. En este sentido, apoyamos las regularizaciones masivas que mejoran las condiciones de vida, que otorgan derechos y que evitan esa misma competición entre trabajadores que tanto quiere la extrema derecha.
Como organización anarcosindicalista, rechazamos tanto el nacionalismo español como el marroquí. Ningún estado representa los intereses de la clase trabajadora. Frente a quienes utilizan las fronteras para defender intereses geopolíticos o económicos, reivindicamos la solidaridad internacional entre quienes vivimos de nuestro trabajo.
La respuesta no puede ser el cierre de fronteras, la militarización, ni el enfrentamiento entre pueblos. Tampoco puede consistir en aceptar que los servicios públicos permanezcan deliberadamente infrafinanciados mientras se aumenta el gasto militar por la sumisión a las políticas de Trump y se aumenta la riqueza de una minoría. La única salida favorable para la mayoría social pasa por socializar la riqueza, garantizar unos servicios públicos suficientes para todas las personas y fortalecer la organización de la clase trabajadora, independientemente de su origen o nacionalidad.
Desde CNT consideramos irrenunciable el derecho a migrar: la ONU reconoce el derecho a buscar asilo político frente a la persecución. Nosotras consideramos irrenunciable, además de esto, el derecho a migrar para huir de una situación de miseria, también para mejorar las condiciones de vida o simplemente por el mero placer de conocer nuevos lugares y culturas. En este sentido, no debe tener más derecho a moverse por el mundo una persona de Finlandia que otra de Senegal, Colombia, España o Marruecos.
Defendemos la abolición de las fronteras, como de hecho ocurre a nivel mundial con los ciudadanos europeos que pueden moverse por el mundo libremente. Como de hecho ocurre entre los países que no tienen gran desigualdad entre ellos como España y Portugal.
En este sentido lo ocurrido en Ceuta es una huida masiva de la dictadura de Mohamed VI, comparable al éxodo que provocó la caída del Muro de Berlín. Igual que la gente de Ucrania, la de Marruecos debe tener el derecho de poder huir de una dictadura apoyada por EEUU, Israel y, como no deja de repetir Pedro Sánchez, por el gobierno español.
Pero también defendemos el derecho a no migrar: nadie debería verse obligado a a abandonar su país por la represión política y la miseria. En este sentido es significativo que la huida de miles de personas se produjera mientras el rey exaltaba su monarquía absoluta en su palacio de Tetuán en la «fiesta del trono», a escasos kilómetros de donde morían ahogadas decenas de personas.
En las cárceles de Marruecos hay cientos de presos políticos, como los compañeros del Hirak, como Nasser Zefzafi, condenado a veinte años por pedir hospitales públicos y Derechos Humanos. Esta huida masiva no se hubiera producido si Mohamed VI – apoyado por Pedro Sánchez – no encarcelara a cientos de personas por pedir cosas tan fundamentales como sanidad pública. Aún se desconoce el paradero de los cientos de detenidos de las protestas por la sanidad pública que tuvieron lugar en Marruecos en el otoño pasado.
Por eso, frente a la estrategia de los estados y del capital de dividirnos según nuestra nacionalidad, origen o situación administrativa, la tarea del sindicalismo de clase es organizarse allí donde existe la explotación: en los centros de trabajo, en los barrios y en todos los espacios donde la clase trabajadora vive y lucha. La CNT reafirma su compromiso con la organización de todas las personas trabajadoras, nacidas aquí o llegadas de cualquier lugar del mundo, impulsando la solidaridad entre sindicatos y organizaciones obreras de ambos lados del Estrecho.
En este sentido dirigiéndonos concretamente a las personas del norte de África, a ambos lados de la frontera, a formar parte de la CNT o formar secciones de la CIT.
Hacemos un llamamiento a todas y todos los que estén en contra de la criminal política de fronteras de Europa y en contra de la dictadura del majzen. La plaza de la entrada de la medina de Tetuán debe volver a ser del pueblo y este palacio junto al que el dictador tiene en Nador y al de Alhucemas deben ser expropiados para el pueblo para que así los niños que están en la calle tengan comida y techo.
Llamamos a unirse a la gente de Guelaya ya sea de «el pueblo» o de Beni Ensar. A la gente del Garb, ya sean de Ceuta, Tánger, el Haus, Tetuán, o Anyera, en contra del rey aliado de Israel, en contra de las fronteras, en contra de los fascistas.
Llamamos a la unión de los trabajadores de todo el Magreb con los trabajadores de la Península Ibérica.
Frente a quienes levantan fronteras para proteger privilegios y sembrar el enfrentamiento entre pueblos, respondemos con internacionalismo, apoyo mutuo y acción directa. Porque nuestra bandera no es la de ningún Estado: es la de la emancipación de la clase trabajadora.

