OTRAS MIRADAS | Extraído del cnt nº 443
- Las Mapoulas Libertarias se convirtieron en el epicentro de una inmensa red clandestina, ofreciendo sus humildes y reducidos hogares a cientos de militantes anarquistas y de otras ideologías perseguidas, prestando sus servicios como espías e informadoras o programando distracciones y movimientos de fuga. Y también pagaron el precio.
El 20 de julio de 1936 se producía el golpe de estado que acabaría con los 5 años de democracia liberal burguesa en A Coruña. Ese mismo día se producían actos por toda la ciudad que pondrían en duda la sempiterna frase de que en Galiza no hubo guerra civil. El Alzamiento, como dieron en llamar a ese golpe de estado, fue, en sus palabras y crónicas, más un paseo militar que un conflicto abierto -del cual, cuyas heridas aún se pueden sentir en nuestra ciudad-.
Aquella mañana de julio los negocios permanecían cerrados y, de no ser por los bocinazos que provenían de los barcos amarrados, el silencio era total: la huelga había sido un éxito. A Coruña era una ciudad con apenas 75.000 habitantes de los cuales 15.000 personas estaban afiliadas a la CNT, siendo especialmente fuertes las secciones de la construcción y, por supuesto, del trabajo del mar. De hecho, eran estas personas, las del oficio marítimo, las que estaban haciendo sonar las bocinas de los buques para alertar a la población del peligro que se avecinaba.
Hacia el mediodía el silencio ensordecedor dejará su lugar a los pasos militares. Centenares de uniformados se dirigen por las calles que conducen desde el cuartel de Atocha, el más grande del estado por aquel entonces, hacia O Parrote, una pequeña elevación natural en las inmediaciones del puerto, el lugar perfecto para colocar un cañón que apunte a la sede de la Gobernación Civil en la que durante la noche anterior varias personas construyeron barricadas para resistir a lo que se venía. Resistir sí, pero sin armas, únicamente con piedras y alguna escopeta de caza. Así fue la guerra en A Coruña. Porque esa misma sede del gobierno estatal, que ahora protegían, denegó en los días previos el acceso a las armas a quienes acabarían dando su vida por la República. Es el caso de María Bello Paz, quien murió de un disparo defendiendo a quienes le dieron la espalda. Con la decisión de no entregar las armas al pueblo, el gobernador civil creía proteger a la ciudad de una revolución social, prefiriendo un golpe de estado militar en su lugar. Sin saberlo acababa de sellar de este modo el destino de la ciudad y, de paso, el suyo y el de su familia, junto a centenares de personas que osaron soñar y cuyos sueños yacieron en cunetas o campos de tiro.
Aquel día se esparcía una gruesa capa de tierra que sepultaba el sueño de una sociedad mejor. Entre las calles de la ciudad habían surgido ateneos, colectivos y clubes sociales creados con objetivos tan dispares como la educación obrera, el naturalismo, la liberación sexual, el vegetarianismo o el deporte popular, entre otras. Ahora serían silenciados, destruidos y quemados. En este contexto, la ciudad vio como sus calles eran recorridas por delatores y represores que cobraban su precio en sangre. Detenciones, torturas, asesinatos y más detenciones, que causaban terror entre quienes otrora habían pertenecido a las principales organizaciones políticas. En medio de un escenario tan pesimista, aún había cabida para la esperanza. De aquella capa de tierra habían surgido en nuestra ciudad las que serían bautizadas por Luis Chamorro como las Amapolas Libertarias.
Cada 10 de julio se celebra en A Coruña «O Día das Mapoulas Libertarias», un sentido homenaje que echó a andar en 2018 por parte de Refuxios da Memoria en colaboración con otras asociaciones de recuperación de la memoria histórica
Nuestras Mapoulas
Aprovechando la invisibilización a la que quedaron reducidas durante la represión, varias mujeres de la ciudad se convirtieron en el elemento clave que posibilitó la organización de una red clandestina de apoyo a personas perseguidas y que, junto con el Despertar Marítimo -perteneciente a la CNT-, protagonizaron sonadas evasiones con el objetivo de alcanzar territorio republicano o francés. Sin ir más lejos, el propio Chamorro sería uno de los que consiguió huir gracias a la ayuda de estas redes y de las mujeres que la componían.
Las Mapoulas Libertarias eran mujeres que rompieron los roles a los que fueron empujadas, aprovechándose precisamente de la insignificancia que las autoridades militares proyectaban sobre ellas. Pertenecían a organizaciones anarquistas que, a pesar de reivindicar la igualdad, también las relegaban a papeles secundarios. No obstante, fue desde aquí desde donde desbordaron el tradicional papel de cuidados al que eran obligadas y se convirtieron en el epicentro de una inmensa red clandestina, ofreciendo sus humildes y reducidos hogares a cientos de militantes anarquistas y de otras ideologías perseguidas, prestando sus servicios como espías e informadoras o programando distracciones y movimientos de fuga. Y también pagaron el precio.
Este fue el caso de Basilisa Álvarez ‘La Corales’, militante de la CNT que tras una redada en su casa-refugio y una fuga de película por los tejados de la ciudad cumplió condena y quedó relegada a un papel marginal por el resto de su vida. Peor paradas acabarían María Otero (militante de la FAI de 33 años que trabajaba intensamente en la reconstrucción organizativa) y Alicia Dorado (panadera anarquista de 25 años) quienes tras casi un año siendo los pilares de la red anarquista y de evasión de la ciudad fueron finalmente descubiertas mediante una operación de infiltración que llevó a las fuerzas militares golpistas a asediar sus casas el 10 de julio de 1937. Del tiroteo resultante nadie salió con vida, ni María, ni Alicia, ni ninguno de los militantes que escondían en sus respectivas casas-refugio.
Acabaron con ellas, pero no con su recuerdo
Es ese recuerdo el que lleva a que cada 10 de julio se celebre en nuestra ciudad O Día das Mapoulas Libertarias, un sentido homenaje que echó a andar en 2018 por parte de Refuxios da Memoria en colaboración con otras asociaciones de recuperación de la memoria histórica y que cada año devuelve al barrio de As Atochas el recuerdo en forma de todo tipo de intervenciones artísticas, paseos culturales y reivindicaciones como el acceso a la vivienda o el antifascismo.
Además, este año 2026, el día 10 de julio será, un año más, el broche final a una semana dedicada a la publicación y a las letras libertarias, ya que celebramos en la ciudad la V Feira do Libro Anarquista da Coruña (FLAC).
La FLAC es un encuentro de múltiples editoriales con contenido político que se desarrollará a lo largo del fin de semana del 3 al 5 de julio -aunque habrá actividades entresemana hasta llegado el Día das Mapoulas Libertarias-. La FLAC nació con la intención de reconocer el paso de las ideas anarquistas por nuestra tierra, que como ya hemos visto gozó de hegemonía durante los años en los que se consiguieron los principales avances en la lucha obrera, así como el de destacar el papel -nunca mejor dicho- que jugó la edición y la publicación en la difusión de estas ideas. Durante los inicios del movimiento obrero no era concebible que una organización que acababa de nacer no tuviese un medio escrito en el que educar y orientar a sus bases militantes y en donde plasmar las ideas, los debates y las decisiones tomadas. Muchas veces este medio escrito contaba con recursos muy limitados que eran paliados con tiempo y esfuerzo, pero que en todo caso contribuyó a la creación de una red de debate y comentario político que, tras los peores años de dictadura fascista, no llegó a desaparecer completamente.
De este modo, la FLAC tiene cada año una temática sobre la que cada editorial realizará sus aportaciones y presentaciones de texto político; a la vez que se producirán debates y charlas sobre temáticas que atribulan hoy en día a la esfera libertaria.
En esta quinta edición, la FLAC será dedicada a la temática Anarquismo y País, centrándonos en las relaciones existentes entre lucha anarquista, fronteras, anticapitalismo, identidad nacional e independentismo, así como herramienta de lucha contra la opresión nacional y experiencias de vida militante.
En definitiva, A Coruña recuperará en esta primera quincena del mes de julio un lugar de referencia dentro del anarquismo y la lucha libertaria, permitiéndonos tomar perspectiva y realizar aprendizajes del pasado para poder afrontar los retos que nos ofrece nuestro presente y permitirnos avanzar para la consecución de una sociedad mejor y más justa.


Una respuesta a “De Mapoulas Libertarias y otras letras explosivas”
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