Las nuevas trampas empresariales tras la reforma laboral

DOSIER: ¡A la calle! | Ilustración de Elena Zurita | Extraído del cnt nº 434.

La última reforma laboral ha tenido resultados que, pese a nuestra desconfianza en la clase política, tenemos que calificar como positivos. La contratación indefinida ha subido del 10% habitual al 48% el pasado mes de abril. El número de contratos ha bajado en un millón desde los dos millones que se firmaban durante un mes previo a la reforma. Los contratos de menos de siete días se han reducido en un 38,3% desde agosto de 2019. Pero estos datos tienen sus sombras.

  1. Se pagan menos horas de trabajo. Según las cifras conocidas del SEPE desde enero hasta agosto el número de contratos indefinidos a tiempo parcial se ha multiplicado por 3,5 en comparación con idéntico periodo de 2019. Esto quiere decir que aumenta la contratación indefinida pero que las horas trabajadas y cobradas no tienen porqué crecer. Ser indefinido no significa no ser precario. Seguramente todas conocemos compañeras en hostelería, conocida por el incumplimientos de contratos y horas efectivamente trabajadas. Por otro lado, los fijos discontinuos han aumentado un 8,5%, que son, en realidad, contratos a tiempo parcial «acumulado en el año», como dice Miguel Ángel Malo Ocaña, profesor de Economía de la Universidad de Salamanca. Sabremos si estos contratos son fraudulentos si estas trabajadoras vuelven a ser llamadas a su puesto en la siguiente temporada.
  2. Despidos a coste cero dentro del periodo de prueba. El Ministerio de Trabajo ofrece datos sobre el número de personas que piden la prestación de desempleo tras no haber superado el periodo de prueba. De enero a julio sumaron 24.480 personas, un 38% más que en el mismo periodo de 2021, pero aún un 23,8% por debajo de 2019. Y es necesario señalar que la última reforma no tocó las indemnizaciones por despido. Esto supone que, en el estado español, despedir sigue siendo relativamente barato. No existe mejor medida para garantizar la estabilidad de los puestos de trabajo que dificultar el despido. Y una de las cosas que más lo dificultan es encarecerlo.
  3. Los contratos temporales siguen existiendo. La modalidad de contrato de trabajo más corta, de 7 días, está penalizada por la reforma. La solución de las empresas ha sido pasar al siguiente tramo, de 7 a 15 días. Los contratos de entre una y dos semanas suman 639.417, un 11% más que el año pasado y un 0,5% más que antes de la
    pandemia.
  4. Se despide los viernes y se contrata los lunes. El 1 de agosto se dieron en la Seguridad Social 282.355 altas frente a 339.960 bajas. El último día del mes perdieron su trabajo 320.052 personas. Cada lunes las cifras de altas y bajas multiplican por tres las de cualquier otro día. Se sigue contratando por meses o semanas.
  5. De rebote se lo vamos a poner más difícil a los inmigrantes. Ahora mismo solamente se puede realizar un contrato de trabajo temporal con una duración máxima de seis meses. Una vez finalizados, el contrato debe pasar a ser de carácter indefinido. Para conseguir la autorización de residencia y trabajo por arraigo social hay que contar con una oferta de empleo de duración mínima de un año. Las ofertas temporales ya no son una opción (salvo si la actividad es agrícola). Es obvio que este cambio supone un duro golpe para todos aquellos que están pendientes de tramitar su residencia.

A pesar de la última reforma, la situación de las trabajadoras en el estado español no mejora. Con la inflación desbocada, los sueldos siguen congelados. Las condiciones laborales solo han mejorado ligeramente.

A pesar de la última reforma, la situación de las trabajadoras en el estado español no mejora. Con la inflación desbocada, los sueldos siguen congelados. Las condiciones laborales solo han mejorado ligeramente. En la novela de George Orwell ‘1984’ -que fue escrita en 1949, añado este apunte por si acaso el señor Núñez Feijóo es lector de este periódico- aparece un sistema de lotería fraudulento con el propósito de mantener contenta a la población. Se reparten pequeños premios, pero nunca se reparte el ‘Gordo’. Esto mantiene a la población del estrato inferior enganchada a la esperanza, aplaca sus deseos de rebelarse y les hace olvidar sus miserias.

El objetivo de estas reformas es el mismo. Nos dan pequeñas migajas del pastel y con eso consiguen que nos calmemos. Tenemos en la Moncloa al gobierno más progresista de la democracia, tenemos a una ministra de trabajo con carnet del Partido Comunista y no han sido capaces de devolvernos la indemnización de 45 días. Además, tenemos unos sindicatos negociadores (CC.OO y UGT) que parecen seguir la máxima del despotismo ilustrado: «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Ellos consiguen pequeños avances que provocan que una gran parte de las afectadas sigan adormecidas y agradecidas.

Tenemos en la Moncloa al gobierno más progresista de la democracia, tenemos a una ministra de trabajo con carnet del Partido Comunista y no han sido capaces de devolvernos la indemnización de 45 días.

Los sindicatos combativos como la CNT tenemos que hacer llegar el mensaje de que, con sus reformas, la cosa no va mejor. Para algunos sí va mejor. Para la mayoría, no. Según el Laboratorio de las Desigualdades Mundiales, el 10% de la población acumula el 76% de la riqueza global, mientras que la mitad más pobre de la población sólo posee el 2%. En España, según la EAPN-ES, la renta agrupada del 10% más rico de la sociedad multiplicó por 11,8 la del 10% más pobre el año pasado.

Otro frente que nos afecta: la crisis climática. Las olas de calor y ‘filomenas’ no las sufrimos todos por igual. El Instituto de Salud Carlos III contabilizó 360 muertes atribuibles a las altas temperaturas en los seis primeros días de la ola de calor que afectó al Estado español este año. Un barrendero de 60 años falleció en Vallecas. Su hijo declaró: «Sé que era consciente de que esto le podía pasar, pero lo hacía porque quería conseguir un contrato largo. Estoy convencido de que él no paró de limpiar esa calle hasta que se desmayó. Pensaría que no le iban a renovar y estaba dándolo todo con tal de demostrar que valía». Con 60 años tenía contrato temporal. Si repasamos la historia, podemos observar que el despotismo ilustrado, a su pesar, propició la expansión de las ideas ilustradas. Estas ideas fueron la mecha que prendió la Revolución de 1789, que en definitiva perseguía lo que todas las revoluciones: una sociedad más justa. Luego llegó la toma de la Bastilla. Y luego empezaron a rodar cabezas.

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