Los accidentes laborales, una lacra inadmisible

El panorama que tenemos y que se nos presenta a todos aquellos que nos ganamos el pan de cada día con el sudor de nuestra frente, podría, como poco, adjetivarse de desolador.

El capital ha perfeccionado sus métodos de explotación pero también ha estado utilizando técnicas que parecían ya olvidadas. En la mayoría de empresas se ha vuelto a configurar un ambiente laboral más propio del s. XIX en donde el despido arbitrario, acoso laboral, remuneraciones por debajo de convenios, aumento de la jornada de trabajo y la coacción que existe para no poder ejercer nuestro elemental derecho de libertad sindical están a la orden del día.

Por si fuera poco, la alta burguesía autoproclama una crisis económica de consecuencias desastrosas, que es utilizada como excusa para dar una vuelta de tuerca más y lanzar una dura ofensiva contra los derechos de los trabajadores: aumento de desempleados, congelación e incluso bajada de sueldos, legalización del aumento de jornada hasta las 65 horas y un largo etc. que nos da ese marco que adorna nuestro oscuro presente y configura un futuro de muchas sombras.

Dicho esto, hay una agresión mucho más violenta, que de forma sigilosa entra en nuestro día a día hasta que se presenta con toda su fuerza y desolación; nos estamos refiriendo a los asesinatos, perdón, accidentes laborales.

No es mi intención el marear con números, pero me gustaría poner encima de la mesa algunas cifras que son ilustrativas. Siguiendo las estadísticas facilitadas por el propio Ministerio de trabajo en el año 2007 se registraron 1.022.067 accidentes con baja (initínere incluidos), de los cuales 1.167 fueron mortales y 10.441 fueron catalogados de graves. Estos datos arrojan una media de 3´19 trabajadores perdieron su vida al día durante el pasado año. A estas cifras tenemos que hacerle un par de apuntes:

En primer lugar hay que recalcar, que estos números son los suministrados por el propio Ministerio de trabajo, ya que hay otros estudios estadísticos que elevan estas cifras.

En segundo lugar, hay que considerar que el número total de accidentes, en especial los catalogados de leves es sensiblemente mayor, ya que aquí no se incluyen aquellos accidentes que no causan baja, que puede ser debido a la poca gravedad de la lesión o que por distintos factores e irregularidades no se de la baja. Aquí incluimos trabajadores sin contrato, trabajadores inmigrantes ilegales, presiones del propio empresario o incluso la reticencia en muchas mutuas a dar bajas.

Aparte de los accidentes laborales, tenemos que tener en cuenta las enfermedades derivadas del ejercicio de nuestra profesión, algunas causantes de minusvalías o incluso terminales. En este apartado las cifras recogidas bailan considerablemente debido al tortuoso camino con infructuoso final que supone el reconocimiento del origen laboral de la enfermedad. Aún así, es indicativo el informe que publicó el ISTAS que decía que 16.125 murieron en 2004 por enfermedades que tenían su origen en su actividad laboral.

Pero estos datos no aparecen porque sí, el origen de esta situación es variado. En primer término tenemos una legislación de Riesgos Laborales que en líneas generales puede ser útil para solucionar el problema si se aplicase con rigurosidad. Ahora bien, nos encontramos, como con toda la legislación laboral, un enorme hueco abierto entre lo teórico de la ley y la praxis en las empresas. Si nuestro cuerpo legislativo deja a los sindicatos como meros entes corporativos cuya única función es la de denunciar y advertir de las irregularidades, entonces el peso de corregir esas irregularidades y de imponer las pertinentes sanciones corre de parte del entramado estatal, mediante la Inspección de Trabajo y la vía judicial en aquellos casos en los que fuese necesaria su intervención.

A todas luces, este sistema es, ha sido y será un rotundo fracaso. Primero porque los medios de los cuales se dota el Estado para hacer cumplir la ley son escasos y con pocas, o irrisorias, atribuciones sancionadoras. Obviamente esto denota el nulo interés del Estado en la solución del problema, situándose de antemano de la parte empresarial y colaborando con ésta en la flexibilización de las condiciones de trabajo. Por otro lado, el papel jugado por los sindicatos oficiales es cuanto menos inútil. Ya que el modelo sindical de participación en las estructuras sindical-estatal les deja desprovistos de su utilidad, porque no pueden, ni quieren, ejercer como herramienta de la cual se dotan los trabajadores para, no sólo denunciar, sino para imponer su criterio a la parte empresarial mediante la organización y movilización de los mismos. De hecho, un ejemplo demostrable, es que cualquier persona puede poner la denuncia respectiva en los juzgados aparte de cualquier sindicato, por lo tanto su papel queda reducido, minimizado y en definitiva desnaturalizado.

De la parte empresarial poco podemos decir, después de dos siglos de capitalismo quien no vea que el único interés por parte del capital es obtener mayores beneficios, es que no quiere verlo. Que si para recorrer ese camino se pierden algunas vidas humanas, se anotan las cantidades de indemnizaciones en el campo de gastos y punto. Para el capital somos simplemente mercancía, que como cualquier otra mercancía a veces se rompe y hay que sustituirla. Un ejemplo es el hecho de que por llegar tarde 5 minutos al trabajo te endosan faltas que pueden llevar al despido, pero si el trabajador incumple algún procedimiento de seguridad, o bien el empresario no dice nada o a lo sumo se solventa la situación con una reprimenda.

Pero lo que indigna y llama la atención es el papel jugado por los sindicatos oficiales, los cuales se dedican a perder el tiempo en comisiones de seguridad, a firmar mil acuerdos con las empresas y administraciones públicas que no tienen ninguna incidencia sobre la realidad, justificando así su papel y llevándose de paso unas cuantas horas de liberación, alguna que otra dieta y cursitos de seguridad  con buena dotación económica, en donde te enseñan cuatro cosas básicas generales, pero que ni siquiera ves que se apliquen en tu centro de trabajo. Curioso, por no decir vergonzoso, es el hecho de que CCOO y UGT convoquen de vez en cuando concentraciones junto a la patronal para protestar contra la siniestralidad laboral, cuando el 92´2% de los accidentes se producen en el sector privado.

Los accidentes laborales representan una lacra que desde CNT siempre hemos tenido muy presente en nuestras reivindicaciones, tanto en nuestras secciones sindicales como en los conflictos colectivos que presentamos. La seguridad ha sido y sigue siendo la reivindicación principal de nuestro sindicato y el eje del resto de reivindicaciones que presentamos en nuestros conflictos con la patronal.

Por todo ello y para que sirva de recordatorio a patronal y gobierno convocamos desde la Regional Centro de la CNT una manifestación en Toledo el próximo día 4 de octubre a las 18´00. Tendrá como salida la plaza de toros y finalizará en la plaza Zocodover. Hacemos un llamamiento a todos los trabajadores que puedan acudir para que ese día nos encontremos allí y se oiga con fuerza nuestra voz, porque tan sólo mediante la lucha y la fuerza podremos hacer cambiar esta sangría que hoy en día nos afecta a toda la clase obrera.

Secretariado de Acción Sindical del Comité Regional Centro CNT

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