La Furia y el Mar: Crónica de una farsa

El 30 de julio de 2026, sucesivas oleadas de inmigrantes comenzaron a llegar a las costas de Ceuta (alrededor de 60.000 personas) y Melilla (entre 1.000 y 2.000). Esta tragedia pone de manifiesto la realidad política y social. A 3 de agosto de 2026, se habían registrado cerca de 100 fallecimientos. No se trata de un fenómeno aislado, sino de algo recurrente: la última vez, en 2021, cerca de 8.000 personas intentaron entrar en Ceuta en menos de 48 horas, 1.500 de ellas menores de edad. En junio de 2022, otras 2.000 lo intentarían, con un saldo de entre 30 y 40 fallecidos. Recordemos las 14 muertes ocurridas en 2005.

Esta no es una historia en memoria de las víctimas; en su honor, solo podemos exigir que se esclarezca la verdadera naturaleza de los hechos. No, esto no es una crisis migratoria. No existe un componente de fuerza mayor, de naturaleza incontrolable. Se trata de un juego, un juego entre Estados que hoy ha dado como resultado un balance de aproximadamente un centenar de peones muertos: una niña de 12 años, inmigrantes procedentes en su mayoría del África subsahariana, muchos jóvenes marroquíes…

Es necesario intentar comprender el escenario que se desarrolla en toda su magnitud, dada la confluencia de actores y fenómenos. En geopolítica, es necesario examinarlo por partes para tener una idea general. Así, tenemos diferentes gobiernos y Estados involucrados cuyas relaciones son asimétricas e interdependientes. Esto significa que, si bien Europa y sus socios son vasallos del bloque EE. UU.-Israel-OTAN, no existe correspondencia en lo que respecta al establecimiento de acuerdos o políticas de ningún tipo. Una parte es más dependiente que la otra. Es fácil ver hacia dónde se dirigen los acontecimientos.

Mientras tanto, en el plano político, los Estados europeos mostraron su repudio a la situación, exigiendo el cierre del espacio Schengen con España (tratados y acuerdos europeos que garantizan la libre circulación por los territorios miembros), con un total de representantes de veintidós países.

En la península, la estabilidad política del gobierno de Sánchez sufre otro ataque de la ultraderecha, que reclama unidad nacional ante una supuesta invasión popular. Pretenden culpar de todo el episodio a las recientes medidas de regularización masiva. Una más de las que se han dado en el pasado en toda Europa, dada la necesidad de mano de obra vulnerable y sumisa, además de afectar al mercado laboral reforzando el desempleo como elemento de control y reduciendo las condiciones laborales y los salarios. La interpretación es la siguiente: primero, el culpable siempre es el inmigrante; y segundo, se trata de una historia donde los intereses más reaccionarios del bloque aliado occidental convergen con los de la derecha indígena. Debemos estar atentos a cómo se cristalizan las tensiones internas de la UE, revelando su verdadera naturaleza. En otoño, la situación empeorará con la crisis energética y el frío extremo.

Porque nuestro problema no son los pobres que vienen de fuera, sino cómo se administran los mecanismos y los recursos propios. Cómo el gobierno actual utiliza su capacidad para distribuir dividendos y apoyar políticas que perpetúan la desigualdad estructural, el desempleo y el miedo. Los trabajadores debemos unir fuerzas contra esta falta de control egoísta para lograr la gestión de los recursos públicos, los medios de producción y la industria que nos permiten decidir.

Al otro lado del estrecho, el reino de Marruecos se alinea con Estados Unidos, Israel y la OTAN. Su futuro depende de ello. Además, las presiones que puede ejercer un socio con la influencia y la posición estratégica de Marruecos lo convierten en un interlocutor privilegiado para la región. Domina físicamente el flanco atlántico sudoccidental; junto con España y el Reino Unido, controla la ruta mediterránea del estrecho de Gibraltar; actúa como nodo entre Europa y África y, además, influye en las rutas hacia el Magreb y el Sahel, el corazón del continente africano.

A pesar de no pertenecer a la organización fascista atlántica, existe una relación estratégica desde la Guerra Fría: cooperación en ejercicios militares, operaciones de inteligencia, contratos millonarios… podemos observar cómo se despliegan las influencias.

En el plano económico, encontramos una serie de intereses estratégicos arraigados entre los diversos estados en conflicto. Estos se caracterizan por la ejecución de procesos que perduran durante generaciones y cuyo objetivo no es otro que perpetuar el control de los flujos energéticos, las rutas comerciales y la apropiación de recursos estratégicos… En este caso, el rey alauita no duda en utilizar la inmigración como elemento de presión coercitiva sobre sus socios comerciales al otro lado del estrecho, sin importar cuántas personas mueran. Su preocupación son las infraestructuras, las energías renovables, los puertos y los centros logísticos. No en vano se ha convertido en la mayor potencia industrial africana.

Pero como ya conocemos las miserias de nuestra historia, la historia de un mundo bajo el capitalismo, para que algunos progresen, otros tienen que morder el polvo.

En un mundo que no quiere hablar de imperialismo, el continente africano discrepa. Quisiera hablar de la región del Sahel, cuya área de influencia se extiende por África de costa a costa. Abarca cerca de diez países con aproximadamente ciento ochenta millones de habitantes, cuya edad media apenas supera los veinte años. El legado colonial ha dejado el pasado de sus imperios y sultanatos como bastiones de la historia. Hoy, concurren la inestabilidad política, los golpes de Estado que alimentan el terrorismo rampante y siembran la confrontación armada permanente. El papel actual de la Unión Africana es poco menos que testimonial, tras décadas de frustraciones en sus intentos por consolidarse como fuerza de convergencia y referente político para el continente.

Diferentes actores internacionales han intervenido en la región con diversos objetivos e intereses. Los ricos recursos naturales se presentan como un gran atractivo: Níger como principal proveedor de uranio para Francia; minas de oro a lo largo de Mali y Burkina Faso; valiosas reservas de petróleo en Chad y Sudán; expectativas de grandes descubrimientos de gas natural entre Mauritania y Senegal; Minas de hierro, fosfatos, litio y otras tierras raras, tan codiciadas por la industria tecnológica…

La cuestión colonial sigue siendo tan relevante hoy como lo fue el siglo pasado. Marruecos planea continuar proyectando su poder sobre esta zona al más puro estilo colonial occidental, colaborando estrechamente con Israel. Han aprendido la lección y persistirán hasta el final, aunque ello signifique enviar a la muerte a tantas personas inocentes como sea necesario. Estas son las personas que se ahogaron y estas son algunas de las razones.

«No queremos emanciparnos para dominar a otros; queremos abolir toda dominación». Errico Malatesta

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