Nazis en la Eurocámara

COLUMNISTAS | MONCHO ALPUENTE

Los más interesados por
Europa resultaron ser los euroescépticos, los nacionalistas excluyentes,
racistas y xenófobos. La Unión Europea
se mantiene cohesionada por los elementos que quieren disgregarla y los grandes
partidos jurásicos se hunden en el fango acosados por pequeñas pero aguerridas
formaciones alternativas, hijas del 15M y de la utopía. Los amos del cotarro
europeo que llevaron a la ruina a sus vasallos del sur que siempre fueron sus
esclavos más sumisos.

El internacionalismo de la Unión europea va por clases,
no hay fronteras para el capital ni para los capitalistas, corren los flujos
financieros y se corta el paso a los inmigrantes. Los neofascistas triplican
sus apoyos ondeando la bandera de la intolerancia, murallas de odio y
barricadas contra el enemigo exterior o, lo que es lo mismo contra los pobres
del mundo, contra los parias de la Tierra

Por Bruselas y Estrasburgo
se pasean los hombres de gris, gestores poderosos, celosos burócratas que no
saben de personas sino de cifras, de cifras que ellos mismos manipulan,
maquillan o sencillamente inventan para seguir manteniendo en pie el tinglado
de su farsa caduca. En Bruselas y Estrasburgo ya se apoltronan los nuevos
centuriones de la ultraderecha que han conseguido vender a un electorado sumiso
y desorientado que la amenaza son los otros, los vecinos de abajo, empobrecidos
y humillados por las viejas potencias coloniales que ahora les rechazan y
persiguen.

Con Alemania al frente del
Imperio y los nazis entrando otra vez en París de la mano de Marine Le Pen, con
los ultranacionalismos a flor de piel, el panorama europeo se ensombrece, un
poco más en el crepúsculo.

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